Vale la pena perseverar

¡Chino!!! Me dijo alguien apenas puse el primer pie a la móvil, al voltear me di con la sorpresa de encontrarme con un amigo de hace muchos años que me llamaba por mi antigua chapa (en realidad es mi segundo apellido).  Antonio- le dije, empezamos a conversar, yo con cierto tacto porque cuantas veces en el pasado le había hablado de lo maravilloso de nuestro Señor él siempre mostraba burla e indiferencia.  Pero oh grata sorpresa! Antonio ahora tenía un rostro sonriente y gozoso, y ¿como así?  Simplemente se había convertido al mismo Señor a quien tanto había rechazado.  Valió la pena esperar, perseverar, orar.  ¨No nos cansemos pues de hacer bien, porque a su tiempo segaremos si no desmayamos.¨  Gálatas 6:9.  (Ah y para mostrar su agradecimiento me pagó el pasaje). 

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